La isla de Lanzarote

Pedro Almodóvar

” La isla me había hechizado. Nunca había visto colores tan dramáticos en la naturaleza. Para mí no era un paisaje, sino un estado de ánimo, un personaje. Desde ese momento deseé rodar allí”.

“Desarrolló por primera vez en Lanzarote su fascinación por el negro y los semitonos más sombríos del rojo, el verde, el marrón y el gris. Como consagración del misterio de la isla, hizo la foto en la playa del Golfo. “Busqué a la pareja de la fotografía durante los días que permanecí en Lanzarote, pero no la encontré”

“Un sitio tan interesante como Lanzarote es una lección. Es una suerte que hayan preservado la isla tal cual. Creo que es un lugar único en estos momentos: sales en cualquier dirección y no encuentras ni un solo anuncio, ni un rascacielos junto a un acantilado…”.

Juan Ramírez de Lucas

“La isla no es fotogénica, o mejor dicho, su realidad física y metafísica es muy superior a todo lo que la fotografía pueda darnos. Ni siquiera con los testimonios fotográficos; nos quedaremos sabiendo poco, sabiendo casi nada de Lanzarote.

A Lanzarote hay que verlo para creerlo, y después de visto aún se duda si lo que se vio correspondía a una realidad real o era el producto de una alucinación, de uno de esos espejismos que asaltan a los caminantes de los desiertos.

El viajero en Lanzarote se preguntará si aquello que está ante sus ojos es posible que exista. Algunas veces dudamos de la veracidad de nuestro recuerdo, pero sólo en Lanzarote ocurre dudar de la veracidad de la visión inmediata. No, lo que estamos viendo no es posible. Forzosamente hay que estar preso de algún encantamiento.” 

Fernando Higueras

El arquitecto Fernando Higueras, expresa en los siguientes términos su contacto con la isla:

“En el año 1963 visité Lanzarote, en compañía de César Manrique. (…) Me había hablado apasionadamente de sus pueblos, del color de la tierra y de sus gentes, pero la realidad superaba todo lo que había imaginado. La isla de Lanzarote es uno de los pocos lugares del mundo donde todavía se puede contemplar la superficie de nuestro planeta en el estado embrionario que debía tener hace millones de años, cuando quizás el hombre no había hecho su aparición sobre la tierra. 

Mi primera impresión fue de entusiasmo y alegría ante la grandeza, todavía virgen, del lugar en el que deberíamos proyectar nuestras construcciones, pero después, ante la belleza del paisaje y la perfecta integración de su arquitectura popular anónima existente, nuestro entusiasmo y alegría se fueron transformando en miedo ante el temor de que cualquier tipo de arquitectura hoy al uso, podría quitar encanto a lo que ya era una obra de arte completa.”